Supervivencia Urbana
Es más fácil entender la vida del ser humano y su evolución a través de su alimentación. El hombre prehistórico basaba su dieta en su supervivencia es así que los primeros homínidos obtenían energía y proteínas de alimentos como frutas, verduras, raíces y nueces. El Australopithecus durante el paleolítico, se alimentaba de frutos y otros vegetales, además de la inclusión de raíces a su dieta. El Homo habilis, introdujo las carnes en su dieta pero como carroñeros, mientras que el Homo Erectus introdujo la caza para obtenerla. Fue a partir del Neolítico cuando se dio comienzo a la agricultura y crianza de animales, lo que permitió que el hombre tuviera productos que más adelante serían ingredientes básicos de la alimentación tradicional.
En nuestras comunidades indígenas, alimentarse es más que llevarse algo a la boca; es un acto sagrado, porque implica un contacto con los diferentes elementos: la tierra, el viento, el sol, la naturaleza. Es la mezcla entre supervivencia, trabajo, sabiduría y comunidad.
Alimentos ancestrales con alto valor nutricional, algunos de ellos considerados sagrados (maíz, nopal son algunos alimentos considerados sagrados, básicos en su alimentación, con propiedades alimenticias y curativas), merecen ser rescatados y valorados por las nuevas generaciones, respetuosos de las costumbres alimentarias locales y del medio ambiente, y adoptando prácticas alimentarias saludables, mediante el uso de alimentos autóctonos, para proteger la biodiversidad y la cultura alimentaria.
Según la WWF si seguimos creciendo poblacionalmente al ritmo actual en dos décadadas podríamos necesitar de 3 planetas tierra para suplir la necesidades de alimentos de 10 mil millones de personas, el reto es alcanzarlo sin afectar el planeta, es decir, de forma sostenible. Por tal razón, cada día se hace más necesario entender que no podemos seguir como vamos hasta ahora, debemos ser cada vez más sostenibles, estamos en un punto de inflección en la producción de alimentos, producimos afectando al medio ambiente lo que no facilita la sostenibilidad del proceso, necesitamos un cambio radical.
La mayoría de nuestra producción de alimentos está en manos de familias, pero la crisis en el campo ha llevado a regiones del mundo como Europa al abandono de granjas (agricultores se dan por vencidos, en 10 años van 4 millones de granjas abandonadas) y en algunos casos como en Francia, al suicidio de granjeros (todos los días se suicida uno), todo esto debido a factores como la competencia mundial (alimentos más baratos, disponibles en cualquier época), es decir, quién no crece y es altamente eficaz no tendrá cabida en este nuevo mercado globalizado y a los desastres asociados con la naturaleza o generados por el hombre.
Existen soluciones y muchos agricultores ya han tomado la iniciativa empezando por el retorno a la agricultura tradicional, la agricultura inteligente o urbana, la reducción de las importaciones masivas o la investigación en el ámbito de la carne in vitro y los sustitutos de la carne son medidas con las que trata de proteger la biodiversidad, el paisaje y la salud humana.
En este proceso habrán perdedores y ganadores, para ello una de las soluciones que se han venido dando en Europa son los subsidios a granjeros, sin embargo la UE ha impuesto algunos requerimientos para adquirirlos entre otras el tener más de 3 hectáreas sembradas (solo el 1% de los granjeros cumplen con este requisito). Muy a pesar del valioso aporte de estos pequeños productores demostrado durante la pandemia (sin su producción no se hubiera cubierto la demanda), el aumento de subsidios, según un estudio de la universidad de Estocolmo (Suecia) el aumento de subsidios ha incidido directamente en el aumento de nitratos que contaminan la tierra, las fuentes de agua, consumen el oxígeno del mar causando la muerte del ecosistema (Ejemplo el mar Báltico).
La alimentación ancestral para nuestros antepasados ha sido y es el origen de una vida plenamente saludable. Su característica principal es el ser orgánica y desarrollada en una relación armoniosa entre la naturaleza y el hombre, puesto que todo componente que forma parte de la comunidad es imprescindible y sagrado; por ello un daño sobre alguno de estos genera un desequilibrio total.de allí la importancia para nuestra supervivencia de regresar a nuestra agricultura ancestral.


